Respeta: La carta abierta de Marlon Morales, a.k.a. Lil Supa´, sobre los cuestionamientos hacia el rol del Hip Hop en la situación de Venezuela.

No es novedad. Los sucesos que atraviesan al pueblo venezolano, sobre todo en la última década, están marcando día a día su futuro y ha llevado a que millones hayan migrado. Afuera, es decir, en tu país o el mío, vemos inmigrantes arreglándoselas y reinventándose como pueden, generando entre la comunidad redes de apoyo con tal asegurar el bienestar de las familias que les acompañan en las tierras de destino, así como también el de la otra mitad de la familia que aún resiste en la añorada Venezuela.

Dentro de ese ímpetu, el rap ha sido un reflejo de cómo este espíritu les ha llevado, literalmente, a sacar lo mejor de sí, no siendo casualidad que en los últimos cinco años sea el rap venezolano, sin sucursal fija, el que dirija las pautas entre los oyentes hispanos, pese a que países como España o Chile puedan gozar de “industrias mejor afirmadas”. Pero no sólo se necesita marcar tendencias para hacer que éste fenómeno recorra continentes, y un gran ejemplo de esto son los mismos recitales de raperos o traperos venezolanos que se realizan en nuestros países, donde ya no es sorpresa que algunas de sus figuras más emblemáticas puedan llegar incluso hasta dos veces en el año. Estos son organizados o producidos por promotores venezolanos, y financiados por, entre otras cosas, pequeños emprendimientos suyos, donde también se suelen conseguir las entradas. No debo ser el único que fue a comprar un ticket para un concierto de Lou Fresco y, de paso, se comió una arepa. Todas y todos son engranes de esta maquinaria y se benefician de estas instancias. Esta solidaridad también es la que llena las salas y levanta sus banderas en los shows de exponentes como Akapellah, Apache y Rxnde Akozta (que lo tratan como a uno más). La necesidad los ha llevado a desarrollarse desde la autogestión, más bien desde la co-gestión, ayudándose entre chamas y chamos, y ese equipo enorme que respalda las giras es al que representa Marlon en tracks como Hambre”. El colectivo de colaboradores para su éxito y el de demás raperos es enorme: Beatmakers, diseñadores, fotógrafos, directores, sonidistas, managers y muchos puestos más; cubiertos por individuos que no dependen de discográficas gigantes o apoyo gubernamental. Este modelo de cooperación es con el que busca inspirar a todos los venezolanos.

Hay una interesantísima editorial titulada “Exilio y emigración en el rap venezolano como excusa para conquistar Latinoamérica” que escribió Diego Urdaneta en el marco de la Semana del Hip Hop de Noisey en Español, haciendo un paralelo entre las voces y testimonios de exponentes como McKlopedia, Akapellah, Jack Russell, Lil Supa’ y Willi DeVille que sí o sí debes leer para comprender de mejor forma por qué el Hip Hop ha sido un reflejo ejemplar de todo este episodio.

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Hace un par se semanas publicamos un artículo llamado “Akapellah, el regreso del venezolano a Sudamérica y el porqué de su relevancia para entender el nuevo mundo”, como antesala y promoción a los conciertos que éste daría en Santiago y Buenos Aires a principios de febrero. No faltó quien opinó que este referente no le parecía que traspasara el contexto de la crisis de su país a la música, pero el tenor del titular no iba a esa manera obvia y literal de hacer protesta o denuncia a través del rap, sino al cómo, desde el rap, estas figuras han puesto esperanza donde ya no había. Incluso, canciones que superficialmente puedan interpretarse como un banal trap, como el caso de “Milki” o “Los cheles”, tienen un trasfondo geopolítico más revelador que cualquier panfleto.

Y es que la situación está jodida por todos lados. No se trata de izquierdas y derechas, sino que, como bien dijo hace algunas semanas el emcee y productor chileno Macrodee en sus redes, son ideologías que se disputan entre sí y quienes pagan el precio siguen siendo las y los ciudadanos que van a pie. Fuera de aquel juego de intereses, nadie tiene la solución para ese pueblo fragmentado, que desde sus circunstancias extremas ha aprendido a levantarse y nos ha enseñado. Y sí, se puede hacer radiografía del estado mental desde las distintas situaciones. Puedo mencionar ejemplos como el sencillo “Esta es pa´ti” de Mahster Dan, un joven emcee que forma parte del sello de venezolanos radicados en Chile Killin’ Kronos, como también de los testimonios in situ en “Sucursal del caos” de los caraqueños Crudos Levels, sin embargo, la luz en la oscuridad la han puesto quienes tuvieron la capacidad de rehacer el rap latino y sin disfrazar ninguna realidad, al contrario, empoderando a su gente a construir una propia realidad.

Estos últimos meses fue armándose el Festival Nuestro Amanecer, una iniciativa enorme para disponer en un estadio a los músicos venezolanos (y algunos internacionales) más importantes de las últimas generaciones, sumados a charlas y otro tipo de eventos que buscan revindicar su cultura nacional y compartirla ante las multitudes. Está representado el rap con sus rostros más reconocibles: Supa, Pellah, McKlopedia y Apache, entre otros. Una oportunidad de reunir a los exponentes que, por las duras circunstancias que está pasando Venezuela, están viviendo fuera del país. Un evento histórico, porque, como la misma organización dice, busca ser un festín multidisciplinario que pretende romper paradigmas y sentar precedentes en la industria cultural venezolana apelando el llamado a la acción de la gente que está y cree en el país.

 

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Esta posición es la que defiende Lou Fresco (Marlos Morales o Lil Supa’) en sus declaraciones respecto al papel de los músicos venezolanos cada vez que puede. Así lo hizo en su último recital en Argentina en diciembre del 2018. Sobrevivir al contexto a través de un camino independiente, sea el campo que sea. Y Supa’ es ese chiquitito calladito que no habla más de que realmente importa hablar, más bien rapear, pero con inteligencia, talento y habilidades se convirtió en la primera referencia independiente del rap latino a nivel mundial en los últimos años, abriendo caminos propios, distintos a los que transitan otros referentes laureados como Kase.O o Residente, pero con un alcance igual o más influyente.

Compartimos la carta abierta de Marlon Morales publicada estos días en sus redes.

Por Agustín Wicki de Argentina y Darío Gutiérrez O. (a.k.a. Güissario Patiño) de Chile.
Foto de portada por @horusmoraph (Festival Hip Hop Al Parque 2017. Bogotá, Colombia).
Ilustración de Julián Guzmán.


Respeta.

 

Gente que desconoce la historia del Hip Hop venezolano aún se atreve a cuestionar nuestro rol en medio de la situación que afecta a nuestro país.

 

El Hip Hop venezolano surge desde las calles sin luz, desde las ruinas de un desastre natural, de la pobreza, de la necesidad de ser escuchados, de la aspiración de miles de niños y adolescentes (algunos ya desaparecidos y otros adultos) que desean un cambio para sus vidas, y que consiguieron a través del graffiti, de los ritmos, el baie y las palabras, las herramientas para expresar al mundo su pensar.

 

Por irónico que parezca, nuestras primeras “batallas” se produjeron bajo la mirada de Los Próceres de nuestra patria. Pocos creerían que unos años después, esos mismos aprendices sean quienes van por todo el mundo ondeando el tricolor nacional.

 

Es precisamente en medio de todo este contexto confuso, caótico, a veces asfixiante y hasta tóxico, que nuestro movimiento ha crecido, que hemos dejado nuestra bandera (tuya y mía) y el nombre de nuestro país Venezuela (no mi nombre o el de mis colegas) en lo más alto.

 

En nuestro movimiento; ése que nunca tuvo suficiente espacio en los medios convencionales, ni demasiada atención de parte de las autoridades, el que hoy en día representa a esos jóvenes que luchan por sus sueños, es la voz de aquellos que migraron a cualquier parte del mundo, es el canal de comunicación entre la actual y las futuras generaciones.

 

Lo poco que hemos logrado ha sido con esfuerzo y mérito propio (nuestro), con unión y respeto entre los que formamos parte de esta historia, pero, sobre todo, el agradecimiento a quienes nos han permitido entrar en sus conciencia, ser buenas influencias para quienes nos consideran ejemplos de constancia.

 

Desde “Venezuela llora” hasta “Calma mi alma”, desde “Tiempos mejores” hasta “Clima tropical”, “Sr. Presidente”, “Caracas”, “Da lo mejor de ti”, “Hecatombe” o “Báilalo, si puedes”, por mencionar algunas obras de la larga lista de manifiestos que hemos escrito todos los que formamos de este movimiento, con la única intención de proponer un cambio y elevar la moral de nuestros jóvenes.

 

Nosotros no somos unos repetidores de noticias, ni somos activistas políticos ni vamos a derrocar a ningún gobierno con canciones.

 

Nuestros valores siempre fueron los mismos: la unión y el respeto.

 

Nuestro ejemplo es la constancia, nuestro legado es la palabra.

 

Nuestra propuesta fue, es y será La Paz.

 

Atte.

 

Marlon Morales, venezolano en Venezuela.

 

Maracay; febrero del 2019.

 

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*Acto reflejo.

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1 Comment

  1. […] incluso aunque el contenido sea altamente contestatario o despierto. No se sale de lo mismo. Ahí siempre apelo al ejemplo que dio el rap venezolano para saber reiventarse desde su crisis y exp…. Precisamente ahora escucho el recién estrenado álbum debut del combo internacional El Dojo y lo […]

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