En memoria de Andrea Riffo Acevedo, historias y sueños truncados de una vida no tan discreta

En memoria de Andrea Riffo Acevedo, historias y sueños truncados de una vida no tan discreta

Hoy comencé a leer “Íbamos a ser reinas” de Nuria Varela, libro que en todo momento me mantuvo con la guata apretada, cuestionándome durante el día lo nada que les valemos. La Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres cada año lleva el conteo “oficial” de mujeres asesinadas por feminicidios, ya sea en manos de sus parejas, pololos, compañeros o amigos, pues recordemos que, bajo las leyes de nuestro país, sólo se consideraba como feminicidio el asesinato cometido por el cónyuge, pero este 2020 –luego de un largo par de años discusión y lucha de sus familiares— entró en vigencia la Ley Gabriela que considera como feminicidio el asesinato dentro del noviazgo, y que fue llamada así en honor a Gabriela Alcaíno Donoso (17) y su madre Carolina (53), asesinadas en junio del 2018 por Fabián Cáceres, ex pareja de la niña. La única conclusión con esto es que ahora nos siguen doblemente matando en las cifras, pero nada cambia realmente. En Chile se cometen más feminicidios que actos terroristas, pero, adivinen qué. Sí, quienes reciben largas condenas y urgencia en los proyectos de legislaciones son los terroristas (que sólo existen en los cerebros de algunos).

Por Daniela Romero Arévalo (@DRAfilodendro).
Agradecimientos a Gonzalo Macaya y Rodrigo Rocha.

Cuerpos rotos – mentes destrozadas:

Antes de ponerme a escribir, y por estar leyendo este libro, recordé el caso La Manada y luego uno acá en Chile que ocurrió en el año 2011. Por motivos desconocidos, un sujeto asesinó a dos mujeres en La Sanchina, en la comuna de Paine, donde nací y crecí. Lo googleé, y, ¡sorpresa!  Sólo encontré dos publicaciones. Dirán, claro, el caso fue el año 2011, pero el asesinato de estas dos hermanas sólo fue tomado por un medio local, y créanme que en Paine causó revuelo. Dos mujeres, dos hermanas, dos vidas, dos mundos, dos historias.

La Sanchina es un sitio eriazo. Un gran hoyo abandonado. Cuando digo gran, es una gran, gran hoyo, al que yo de niña iba a jugar sola en mi bicicleta. Para llegar ahí tenía que cruzar grandes maizales, casonas abandonadas, tractoreros que me levantaban su jockey en señal de saludo.  El gran agujero tenía árboles alrededor, la carretera, oscuridad, pasto y la cordillera como telón de fondo. La Sanchina era un lugar perfecto, hasta que a un desquiciado se le ocurrió truncarles la vida a dos hermanas.

Aún recuerdo los comentarios: Que estaban borrachas, que eran prostitutas, que una tenía una deficiencia mental, que ellas lo provocaron.

¿Y si hubiese sido yo? Y si hoy no pudiera estar escribiendo estas líneas sacudida por el libro que no he podido soltar (léanlo). Y si hubiese sido yo la que se fue de una disco a seguir el carrete y no hubiese vivido para cagarla, para caerme, levantarme y hasta para hoy a mis 33 años pensar en qué le hubiese dicho a la niña que fui, para tener una hija, para ser mamá, para ser feminista, para emputecerme por todo lo que pasa en el mundo, para decir “hermana, yo te creo.”

Hoy Darío me comentó al teléfono sobre el caso de Andrea Riffo Acevedo. De hecho, estaba haciendo algo tan cotidiano como duchar a nuestra hija, que me dijo que luego me contaría, que no quería que oyera Elisa. Mecánicamente, salí del baño casi preparándome para escuchar algo que me iba a costar digerir. Ahora, avanzada la noche, pienso en mi hija, en que me asusté tanto cuando supe que sería mujer, porque, pucha qué cuesta serlo en esta sociedad, pues, aunque suene trillado, que levante la mano a la que no la han abusado de una u otra forma. Creo que nadie se puede saltar aquel hito. Y no se lo quiero seguir ocultando, pero sé que esto es demasiado fuerte e incomprensible para ella con sus 3 años.  Qué gran trabajo tenemos para con nuestros hijos e hijas, para cortar con el círculo de la violencia y la discriminación, porque yo no tengo por qué educar a una hija valiente, lo yo necesito es que tú eduques a tu hijo con conciencia para que no sea un violador, un abusador, un maltratador o un asesino, un Martín Pradenas, un Chamelo y cuántos más.

Reviso el Facebook de Andrea y se veía una cabra llena de vida. Hablaba de ser poderosa, sus amigas la describen como una mujer fuerte y ella dedicaba lindas palabras a otras mujeres. Negrita, le decían. Tenía la palabra “RAP” tatuada en su pecho. Qué símbolo más significativo, ¿no? Hizo música, pintó, dejó registro de varias soñadas vacaciones en el sur, e incluso quería escribir un libro sobre su vida, una vida que le ganó a la adversidad, porque quería motivar a otras personas y decir que sí se puede.

Puedo aventurarme e inferir que, a sus 35 años, Andrea se había encontrado con la Andrea que quería ser. Y no puedo dejar de pensar en cuántas veces en concentraciones, marchas o rabias nuestras, almas estuvieron juntas. Y hoy lo único que quiero es que estuvieras aquí para leer tu libro, Andrea, a.k.a. Discreta.

Andrea era feminista. Amaba a su tribu, por lo que puedo leer. Andrea protegía a su familia y disfrutaba de los suyos. Ahora su muro está lleno de palabras de desconsuelo. Y me indigna, me arde el útero pensar en que Francisco Rivera, “El Chamelo”, te dejó en un tarro “verde” de basura municipal. Me indigna recordar a la “Bailarina del Bella” que quemaron en una maleta para luego dejarla tirada en la calle, para que esta injusticia patriarcal se hiciera cargo de hacer “justicia” por ella, por una mujer de la que el Estado nunca se hizo cargo. Me indigna ver en un medio de comunicación que Antonia Barra no resistió a una violación y se suicidó, y que su violador, Martín Pradenas, sigue libre. Me indigna darme cuenta que, pese a todos los trabajos, organizaciones, demostraciones masivas de descontento, esta sociedad nos sigue invisibilizando.

Me indigna también darme cuenta con la liviandad que relativizan los medios la muerte de Andrea, atreviéndose a titular que “fue una discusión por droga”, cuando solo tienen una versión de los hechos, la del hechor. Y aunque hubiese sido por droga, acaso, Andrea, ¿eso te hace menos humana? ¿Eso te hace menos mujer? ¿Menos merecedora de su respeto? ¿Menos merecedora de justicia?

Quisiera decirte, Andrea, que tu muerte no será en vano, que acá está tu manada. Pero ni siquiera puedo imaginar el dolor que deben sentir tu hijo de 15 e hija de 9 años que, de un día para otro, no tuvieron más a su madre. Ni el dolor que sentiste tú cuando tu asesino te golpeó la cabeza y te dio puñaladas. Cuando te diste cuenta que, inevitablemente, por más que lucharas, estabas muriendo y que esta batalla la estabas perdiendo. Quisiera decirte, Andrea, que tu crimen no quedará impune y que tu hija e hijo crecerán sanos, fuertes y felices. Y no con una alita rota, como diría Lemebel, pero no puedo garantizar nada, sólo te puedo escribir estas líneas que tampoco llegarás a leer.


Sobre Andrea Riffo Acevedo, la Discreta:
Madre, artista, rapera y mujer con fuerte compromiso social.
Por Rodrigo Rocha.

Dueña de un talento y un carisma únicos, Andrea Riffo Acevedo, conocida en el underground del rap puentealtino como Discreta, desde joven se destacó por sus dotes artísticos, participando en los grupos de baile de su colegio, ya sea en folclore o en otras danzas más modernas.

Oriunda de Puente Alto, su alma libre la llevó a ser conocida también en otros lugares, ya sea Pudahuel, donde aún viven sus familiares, o el sur de Chile, zona de nuestro país que le gustaba visitar cada vez que podía, preferentemente en sus vacaciones, junto a sus dos pequeños hijos.

A finales de los noventa se unió a la explosión del Hip Hop en la comuna que por ese entonces dominaba la escena musical, formando parte de la agrupación Raíces, siendo una de las primeras exponentes femeninas de ese género musical, al menos en la comuna.

Algunas de sus canciones grabadas hoy circulan por YouTube, registros que quedarán como recuerdo del gran talento, voz, y letras contestatarias y sobre el amor.

En el último tiempo había expandido su horizonte artístico incursionando en la pintura, los collages y otras manualidades. Incursionó en el teatro y comenzó de manera autodidacta a componer piezas musicales en guitarra acústica. Además, le inquietaba la idea de escribir un libro contando su historia, como ejemplo de superación y de cómo el arte puede ayudar a muchas mujeres a conocerse y autoconvencerse de sus capacidades y su valía.

Madre de dos, un varón de 15 y una niña de 9 años, Andrea tenía además un fuerte compromiso social, participando en Juntas de Vecinos y organizaciones sociales, cumpliendo un activo rol durante el estallido social, organizando ollas comunes y ayudando a los vecinos que lo necesitaran.

Su partida deja un profundo vacío en su familia y quienes la conocieron. Muestra de ello, son los cientos de mensajes que ha recibido en su perfil personal de Facebook, ya que su carisma le hacía merecedora del cariño de mucha gente, tanto en Puente Alto, como en los otros lugares donde su alma libre la llevaba.

Será recordada por su familia y por sus amistades –las de antes, las de ahora y las de siempre— como una muchacha alegre, de sonrisa franca y de un talento desbordante. Como una mujer valiente que, como todas, no merecía el trágico y cobarde final que truncó su vida.

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