“Me cansé de postergarme y llamarlo humildad”: Freeman presenta “Focus”

Como dice mi amigo Chili, el montevideano universal, al migrar a otro país, no es que vayas en busca de libertad, simplemente eliges cuál es el látigo que quieres que te siga azotando. Y bueno, con el reordenamiento del nuevo mundo, principalmente en la última década, Chile dejó por un rato de ser sólo fuente de exportación de su identidad sin raíces y comenzó también a ser un país que se vislumbró como alternativa para personas que vieron aquí una oportunidad de empezar de nuevo, emancipándose del látigo anterior, para entonces lucir las nuevas formas de las marcas que generan los azotes del “oasis” latinoamericano. Tal vez algún inmigrante pueda rebatirme con que aquí no se está tan mal como en su país, porque llegó acá y tiene un trabajo que en su tierra natal no tenía, lo cual puede ser muy cierto, pero hablo desde la experiencia de quien está jugando con la misma ficha desde la primera etapa, pasando varios niveles hasta llegar aquí, entonces, en Chile partimos con una mala base educacional, que como respuesta te fuerza a asumir una deuda millonaria si quieres aspirar a tener un título profesional para cambiar tu realidad, a ver si después de pagar aquello logras concretar tu sueño de una casa propia, la que terminarás de pagar cuando debas jubilar, para entonces ver cómo sobrevives con una pensión que no llega ni a una quinta parte de tu último sueldo. Eso, si es que antes no tuviste una enfermedad que te mató por no poder costearte el tratamiento o el banco no te embargo lo poco y nada que conseguiste por aun así serte insuficiente para cubrir los gastos que implica una familia aquella tan anhelada y romantizada solvencia económica, que no es otra cosa más que capacidad de endeudamiento. ¡Rayos! No quería irme por ese lado, pero, al fin y al cabo, la idea es decir que cada país es una trampa y cada quien elige qué reglas quiere jugar. Y sí, en Chile, si sales a vender cervezas a la calle por una tarde, lo más probable es que volverás a casa con la plata equivalente a un día de trabajo, lo cual claramente es una mejor opción si vienes de un país en donde no hay qué comer. Es un ejemplo extremo, pero no se aleja demasiado de la realidad, y desde esa premisa y sus variantes es cómo ha ido poblándose un nuevo Chile mucho más diverso y multicultural, donde ya no se trata de visitantes ni locales, sino de una mixtura que cada vez coexiste de una forma más natural.

Por Darío Gutiérrez O. (a.k.a. Güissario Patiño).

Pensaba precisamente hace una semana en cómo esto también ha repercutido dentro del Hip Hop, cuando repasaba y me veía representado entre las líneas del recomendadísimo Manifiesto Del Fui de Chuchú Bermudas, rapero venezolano que lleva ya un par de años renaciendo y reaprendiendo en Chile, que tras lo que se encierra en ese proceso firmó el que sin dudas es el mejor y más humano álbum de su historiada trayectoria, un vuelco total a su vida e interesante preámbulo para su futuro próximo. Lo produce Pedro Laprea, otro venezolano que lleva sus años aquí, rehaciéndose en procesos similares y empujando varios proyectos para sus coterráneos. ¿Cómo lo definiría? Reflexionaba. ¿Dónde encajaría esto en una de esas listas de fin de año? ¿Rap venezolano? ¿Rap migrante? ¿Rap hecho en Chile? ¿Decirlo así entonces lo convierte en rap chileno? Y la mejor respuesta, supongo, es ninguna de las anteriores, aunque en sus formas tiene de esto y, sobre todo, de aquello, pero es simplemente un reflejo del nuevo mundo que, al menos en este país, recién comienza a verse. Y llevándolo incluso más a lo cotidiano, el simple hecho de comprobar que no es necesario que Caballero TDH sea chileno para rapearte unas cuantas verdades sobre Chile si te lo encuentras haciendo su trabajo en algún vagón del metro. Son sólo unos poquísimos ejemplos de cómo hoy gozamos de un Hip Hop mucho más nutrido, del que ya podemos empezar a restarle etiquetas para asimilar su universalidad.

“Serenidad + disciplina, es igual a Freeman.
De la esquina al estudio y del estudio a la tarima.”

En ese semillero de la nueva era lleva un tiempo también haciendo fuerza y ganándose su lugar el cubano Xavier Rivera, quien se ha dado a conocer bajo el seudónimo de Freeman. Él ya me había escrito un par de veces ansioso de contarme sobre lo suyo, pero, a pesar de que he estado necesariamente retirado de todo esto los últimos meses, uno mentalmente anota y sigue observando lo que va sucediendo. Tuve la oportunidad de conocerle un día que pasé fugaz por Linaje Labs, y, al menos para mí, un apretón de manos mirando a los ojos siempre es buen filtro para poder distinguir un “comeoreja” del que está haciendo algo serio. Freeman es de los serios, trabaja con gente seria, persigue objetivos serios. Lógicamente quiere dar a conocer en qué está gastando su mente, energía, esperanza y tiempo, pero era cosa de esperar y ver en qué acabaría su proceso.

Quienes hayan oído el álbum Pasado, Presente & Libertad de Cidtronyck, sabrán de su existencia por canciones como “No hay empate” o “Ni un paso atrás”, sin embargo, desde fines del 2019 se concentró en la preparación de Focus, obra que finalmente lo validaría dentro de una escena. La confirmación del anuncio llegó con el 2020 junto al estreno del vídeo clip para el single “Por todos los barrios”, una atractiva pieza dirigida por Vito Gandolfo que sirvió como plato de entrada dejándonos buen sabor en la espera de lo próximo.

Un mes más tarde, Focus ya estaría liberado en todas las plataformas digitales. El EP de cinco canciones cuenta con la producción musical de Anzestro en Linaje Labs y las interesantes colaboraciones de nombres a tener considerados, como Pipaz, Hurto Simple y también Cidtronyck. La masterización corre por parte de Juan Faúndez (Oushet) en Modos Estudio y la dirección de arte estuvo a cargo de Álvaro Mancilla

Según el equipo responsable, Focus es un permanente viaje sonoro, con una notable virtuosidad lírica y una inalcanzable fuerza interna, que genera un nivel de empatía y complicidad única. Personalmente, me parece que Freeman define sin rodeos su estado mental: la determinación; y su irrupción en la escena refresca de buena forma, hablándonos de este nuevo paso, que no es el próximo, sino el actual, evidenciando en la praxis cómo el Hip Hop sigue siendo aquel reflejo de una sociedad que hoy se reordena para construir nuevos mundos, donde nadie es más que nadie, por lo que mucho menos se necesita permiso para entrar, coger el micrófono y avisarnos que ya se está haciendo el rap en Chile del 2020. Si no me crees, vuelve a ir a los conciertos que se siguen haciendo y dime a quiénes ves ahí.

 

2 Comment

  1. Me siento totalmente agradecido por esta nota. Aquí está la veracidad y agudeza de una profunda onservación a la sociedad que está en ciernes en el Chile de hoy. Me identifico con la visión de este redactor acerca del estado actual de la cultura que nos une. Los migrantes estamos pintando el paisaje con un nuevo color, cuya definición está aún en desarrollo. Agradezco también a todo el equipo que realizó el trabajo que acabamos de lanzar. Como bien dice allí, es gente seria, creativa y trabajadora. Y vamos a continuar. Esto recién comienza.

  2. Me siento totalmente agradecido con esta nota. Aquí está la agudeza y veracidad de una observación profunda a la sociedad que está en ciernes en el Chile de hoy. Me identifico con la visión de este redactor acerca del estado actual de esta cultura que nos une. Los migrantes estamos pintando el paisaje con un nuevo color, cuya definición esta aún en desarrollo. Agradezco también al equipo que trabajó en este material que lanzamos. Como bien dice allí, es gente seria, creativa y trabajadora. Y vamos a continuar. Esto recién comienza.

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