Quema la ciudad va toda plástica: Explotando edificios con Ruzica Flores

Es viernes por la noche y, mientras atravieso Plaza Italia, famosa por dividir de manera caricaturesca a Santiago entre la parte acomodada y la subalternidad, las balizas de fuerzas especiales iluminan el asfalto momentáneamente. Esa noche Santiago, como tantas otras veces, era una ciudad convulsionada. No podía ser de otra forma el último anochecer de Mayo, mes marcado por la revuelta. Pero hoy pasaba algo distinto, hoy podíamos, aunque sea metafóricamente, conseguir la quimera y quemar esta maldita ciudad. Dirigimos nuestros pasos al Centro Cultural España, lugar que en el marco de la primera jornada del ciclo Kiltronik para nuevos exponentes de la música independiente, se vestía de rap y otras cosas. Ruzica Flores se iba a tomar el escenario durante una hora que se hizo corta, donde, junto a un equipo variopinto, mostró una propuesta innovadora y sumamente llamativa para lo que se estila en el rap nacional. No es coincidencia que Kiltronik sea un ciclo de conciertos de música que en alguna medida sea experimental, porque lo que hacen Ivania y todo el equipo que está detrás de la presentación de Ruzica Flores es deshacer los límites (¿auto?)impuestos del rap para ofrecer un producto fresco a la cultura. La Celda estuvo ahí y acá te contaremos lo que pasó ese 31 de mayo.

Por González Barrionuevo.
Fotografías por Alicia Martinez (@alicephotomusica).

Para dar comienzo a la jornada se nos presenta, antes que la propia Ruzica, una dinámica que atravesó a todo el show en lo musical, que consistió en el constante diálogo entre el encargado de las máquinas, Charly Humos, y el pinchadiscos de la jornada DJ Jopsen. Mientras que este último procuraba poner una cuota clásica de rap estricto con los vinilos, Charly juega constantemente con un estilo claramente influido por la búsqueda sonora como pocos lo hacen en la escena nacional. El EP que nutre buena parte del concierto, Ataraxia, mostraba ya una importante presencia de la producción de Charly, como un sello de agua detrás de las afiladas barras de Ruzica. Pero en vivo la parte instrumental cuenta con más espacio para jugar, lo que da mayor consistencia a un espectáculo con muchas capas en su haber. Por esto no sorprende que el puntapié inicial sean unos hábiles juegos de botones que no se complican con la expectativa que el boombap pone sobre el ritmo, pero dicha libertad se contrapone a la labor de Jopsen que nos recuerda constantemente que esto sigue teniendo una matriz en la cultura Hip Hop. Dicha dinámica acompañó toda la presentación, pero se tomará la escena sobre todo al inicio y en medio del concierto, a modo de skit.

Luego de esta introducción, junto a la llegada de la emcee, comienza la primera mitad del show que, siguiendo la estructura de su proyecto publicado, se dispara con “11C”, pero se mueve a cosas nuevas con los regalos “LOBA” y “LUNA”. En esta etapa del show ya se vislumbra, más allá de la sorpresa de los temas seleccionados, un profesionalismo en la propuesta digno de admirar. Es innegable el encanto de las entrañables tocatas de canchas y barrio que permitieron cultivar la escena durante tantos años, pero el Hip hop latinoamericano ha tomado rumbos de una factura sumamente profesional, y el show de Ruzica Flores es cómplice de ello. Porque es eso, un show, un espectáculo, una puesta en escena. No sólo son los rapeos y buenos beats, hay aquí también un trabajo pulido en lo visual al contar con el trabajo de Iñaki Muñoz en las proyecciones. Lo más interesante de ellas no era sólo lo que decían, sino cómo se fundían con el mensaje de Ruzica y la musicalidad de Charly y Jopsen, una sinergía que jugaba con elementos post-industriales, mostrando complementariedad entre los grises asfaltados visibles en el fondo, lo urbano, pero cuasi-robótico de lo sonoro, y la afilada lengua de la rapera. Se notaba la intención de avanzar en una misma estética, una muy representativa de la generación sub-40, marcadamente afectada por una invasión tecnológica temprana y por vivir en su apogeo las crisis de existir en un mundo incapaz de ofrecer total integración y grandes metas. Es un universo que es a la vez avanzado, pero derruido, cyberpunk si es que me apuran a definirlo, como una ciudad cayéndose a pedazos. Pero aún no es tiempo de que explote todo.

Junto con la interpretación de “LUNA”, se integra al equipo Franz Mesko, músico ya experimentado en trabajar con rappers de la escena chilena. El saxofonista, dado su uso de la técnica mixta, encaja en el juego mediante el uso de sus pedales que distorsionan el instrumento sin perder su reconocibilidad, cuestión que calza de lleno en el estilo que más arriba se mencionaba. Pero Mesko no es el único instrumentista, pues más tarde se sumaría Pablo Jara en la guitarra, con lo cual se da un juego muy interesante. Dada la tendencia del rock a la baja, la guitarra ha tendido a funcionar como instrumento de culto, cuando antes era la primera herramienta sonora de la música popular, rol que hoy en día ocupan generalmente los sintetizadores. De hecho, la guitarra pasa a ser similar a lo que era el saxofón en el jazz antes de que pasaran los tiempos donde el rock reinaba en la música. Por otro lado, el juego de los pedales que realiza Franz con el bronce es una técnica que típicamente recuerda a la guitarra. No es coincidencia que la escena del jazz chileno esté marcada más por las cuerdas que por los vientos, contrario a la tendencia internacional, pues recordemos que Franz Mesko está profundamente influido por esa escuela.

Por eso mismo llama la atención el uso de la guitarra pausada de Pablo Jara, que cumple con refrescar la propuesta y dar un sonido más orgánico de cara a una canción que así lo amerita: “T.L.R.T.C.”. Probablemente, este haya sido el punto más alto de la noche. Y es que fue el momento en que cuajó todo: la propuesta visual, el trabajar con músicos en el sentido más clásico (porque sería un despropósito a esta altura no reconocer con dicha etiqueta también a Charly Humos y a DJ Jopsen) y una propuesta escénica elaborada. Jugando con las formas y los juegos de sombra, la artista se sitúa en un banco justo en medio de proyecciones hipnóticas, mientras Richo y Valentina, bailarines que entran a la presentación, expresan corpóreamente una canción cuyo video estuvo dentro de lo mejor del pasado año. A partir de la coreografía se dio un juego de simetrías que no sólo se ve muy bien, sino que también habla de lo cuidada que estaba la presentación hasta en sus detalles más pequeños.

Luego de toda la fuerza que se plasmó en ese momento, con “Harakiri” vuelven a subir las revoluciones poco a poco, además de una intervención a modo de puente instrumental, bastante consecuente con el concepto musical de la noche en el skit. En ese sentido, la atmósfera generada era ideal para un regreso de Ruzica (con cambio de vestimenta incluido) para disparar la segunda parte. Entre “No olvides mi nombre” y “P.D.P.E.” destaca la participación de Charly en el micrófono junto a Ruzica y el regreso de los instrumentistas a escena, incluidos Franz Mesko y Pablo Jara. Se remató el show con “Burn”, con tremenda interpretación de uno de los mejores temas del repertorio de la artista, junto a unas impresionantes gráficas del derrumbe de edificios, descripción de las líricas pero también de edificios conceptuales, como el tradicionalismo purista en el Hip Hop, los límites que una puesta en escena rapera debe tener o que el rapero (la rapera) no puede tener un nivel impecable de profesionalismo que rompa prejuicios y abra puertas de escenarios importante como el propio Centro Cultural España. Así, finalmente, tras la petición del público de otra, el bis fue acompañado por todo el equipo y el regreso de los bailarines para interpretar “Ataraxia”, con lo que se cierra una noche redonda con una atmósfera profundamente emocional.

A modo de conclusión, el concierto anota un nuevo hito en cuanto a la calidad y profesionalismo que se exhibe en el rap chileno y latinoamericano, pues el nivel en que están ésta y otras artistas nos permite disfrutar de experiencias cada vez más complejas gracias a los recursos en ascenso con los que nuestros artistas cuentan. Es un arma de doble filo, porque el artista urbano está tendiendo a verse obligado a superar la simpleza de un directo pulcro solamente en lo vocal, pero hay en ello también un desafío a superarse y entregar un show con capas y meticuloso en los detalles. Y Ruzica Flores junto a su equipo así lo entendieron, porque mediante su ataraxia, esa tranquilidad en ausencia del deseo, nos lleva a la eudaimonía. Por nuestra parte quedamos atentos a los futuros proyectos de Pupila Negra Estudio e invitamos a que también ustedes lo estén. Le podemos adelantar, tras conversar con ellos, que están cocinando un par de vÍdeos y un single con producción de Alpha S, calentando los motores para su esperado y necesario LP que es la meta en el largo plazo. Por acá esperamos ansiosos.

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