Mira mamá, soy una tarea universitaria: Entrevista a Laceldadebob.cl

guissario patiño

Algunos sábados atrás recibí una invitación por Instagram de parte de @nefernats, quien fuera de la arroba se presentaba como Natalia, estudiante de primer año de periodismo de la Universidad de Chile. Me contaba que le gustaba el Hip Hop y que también leía Laceldadebob.cl, así que quería entrevistarme para un trabajo de su U. Ya he tenido experiencias similares con cabros que han necesitado hacerme algunas preguntas o que se han acercado buscando algún dato o experiencia específica para una de sus tareas, y a pesar de que sigue siendo una situación curiosa de procesar, debo decir que se siente como algo muy especial descubrir que un ser que no conocerías nunca te considera para aquella circunstancia que jamás pensaste que podría suceder, pero han sucedido, y eso te lleva de alguna manera a preguntarte por qué, a volver a repasarte y entender que sí, que a lo mejor puede ser, pues, si te has mantenido por tanto tiempo ocupado y entretenido en algo que compartes con otros, no es tan descabellado que pueda haber repercusión o respuesta en esos otros, pero uno no se da cuenta, está en la suya, lidiando con las calaveras y diablitos que implica ocuparse en ese algo. Diría que estas eventualidades te ayudan a pisar tierra, como también a encontrarles un sentido a tus ideas y entender que no son sólo eso, lo que es raro, porque supuestamente uno se rige bajo esas mismas premisas. En fin, se siente bien tener estas ganas de compartirles esta entrevista, por ejemplo, y arrogantemente poder ponerle de banner una ilustración con mi cara hecha por un hueón genio como Claudio Grosso. Ricas son esas recompensas que te deja el mismo camino recorrido, que más allá de la palmadita al ego que puedan significar anécdotas como una entrevista o una ilustración, están esos detalles aparentemente imperceptibles que te devuelven convicción todos los días, y eso se ve en pequeños gestos, no podría describirlos, sólo que quiero aprovechar esta pausa para agradecerles a todas las personas que están ahí, que se han interesado por este proyecto y también se han mantenido, a esos que sin conocerme me llaman por mi nombre como si ya nos conociéramos hace mucho, y especialmente a toda la gente fascinante que gracias a esto he podido conocer y en muchos casos armar amistad. Además de mi pulenta familia, últimamente estoy muy ocupado entre el programa de radio, el blog, más ideas y proyectos paralelos para la supervivencia. Realmente no salgo de esos mundos, y pese a toda la energía empleada y el tiempo destinado, aún nada es como quisiera que fuera, pero para allá vamos, a estas horas y con estas ojeras, siguiendo la forma en que las cosas se han hecho hasta ahora.

Les dejo la entrevista de Natalia. Fue un simpático encuentro acá en el barrio. Ella recién tiene 21 años, pero me parece que será una gran periodista si se encarga de mantener vivo ese espíritu crítico y la convicción que me compartió esa tarde. Pese a que hay ideas en mis respuestas que puedan interpretarse como secas o muy tajantes gracias a la edición y necesario resumen de mis divagaciones, no quise moverle ni una coma a su texto, no podría, aunque considero que varias frases podrían sacarse de contexto si se toman literalmente, y los raperos son especialistas en darse por aludidos, pero si llegara a ser así, en dos días más nadie se acordará y fin del tema. Eso sí, prometo que será la primera y última vez en que la palabra Hip Hop aparezca con minúsculas en este blog.

La apertura de la celda.

Por Natalia Araya U.

Darío Gutiérrez (28) camina desapercibido entre la diversidad humana de la plaza Brasil. En un par de horas debe entregar discos en el metro Santa Ana a quienes los reservaron desde su cuenta de Instagram, La Celda de Bob. Bajo este nombre existen la página web, Facebook, YouTube y un programa radial de la Universidad Sek. Gutiérrez viste con un polerón que lleva la cara de Bob Patiño, el criminal de “Los Simpsons” que escapa de prisión para vengarse y asesinar a Bart Simpson. La Celda de Bob cuenta con números que la avalan: 26 mil seguidores en Facebook, más de cien entrevistados y una biblioteca con alrededor de mil discos entre digitalizados, CDs, cassettes y vinilos. En el último tiempo, Darío -quien firma sus escritos como Güissario Patiño- valora el rito de poner un disco en el equipo, para que su pequeña hija conozca las viejas costumbres. Pocas veces debe comprarlos, pues los artistas se los regalan en señal de respeto y para que Gutiérrez entregue un veredicto desde su Celda.

¿Cómo nació La Celda de Bob?

Partió el 2009 como un blog relacionado al hip hop inspirado en los medios que no veía en Chile. Yo cuando chico era mucho de leer revistas de otros lados y no encontraba nada así por acá, así que empecé a los 18 años a escribir y me di cuenta de que tenía habilidad. Partí en medios que me invitaban y después hice el mío propio que es La Celda de Bob, que tuvo buena aceptación en la forma porque yo no era el único que quería leer algo así. Esa fue mi escuela, yo no soy periodista, tenía cuarto medio y algunos trabajos. Entonces me fui puliendo en cómo generar entrevistas, reportajes y cómo resaltar sobre lo que se está hablando, porque las páginas chilenas sobre hip hop son bien uniformes. Desde entonces ha ido creciendo, ahora tengo un programa de radio, distintas cosas que me ha permitido esta experiencia.

Imagino que en tantos años has entrevistado a raperos nuevos y consagrados.

Cuando yo empecé justo estaba pasando algo bien entretenido con el hip hop chileno. Por el año 2008 hubo una explosión y todos los cabros que ahora están en un nivel bacán como Chystemc, Jonas (Sanche), Liricistas y varios más estaban saliendo a flote. Justo hubo un cambio generacional interesante y eso me llamó a querer documentarlo, y no empecé porque les estuviera yendo bien sino porque no tenían cobertura, menos los nuevos. Si eres Ana Tijoux te van a entrevistar de 20 mil lugares, pero si no te conocen mucho y tienes un disco con sustancia al que puedo sacarle un rollo, esa es la base. Es la página de los que no tienen medio. Me ha tocado ver a los que empiezan sin nada y siguen hasta alcanzar un gran nivel y a otros que han desaparecido.

¿Consideras que La Celda es un espacio para expandir la cultura hip hop?

Absolutamente, pero no porque sea mío. Cuesta creerte el cuento cuando empiezas como hobby, pero con el tiempo notas que tiene seriedad. A mí no me gusta estar encima yendo a eventos, no participo de ese lobby hip hop que es tan de roce. Pero cuando te topas con gente que tiene casi 40 años y te respeta te das cuenta de que se ha hecho algo, o cuando me reconocen desde afuera o me invitan a otros países, lo puedo ver.

¿Qué rol tiene internet tanto en la propagación como en la creación de nuevo contenido musical?

Desde mi experiencia con La Celda, te puedo decir que es una consecuencia de esta era, se está dentro o fuera de ella. Todos los cabros de esta generación más millennial son la era de Myspace, Messenger y que hicieron fuerza desde Maipú, Puente Alto, La Florida, Conchalí… puras comunas que se conocían porque se dieron el Messenger y tenían beats -porque ahora existe el beatmaker-, entonces internet es el punto medular de todo. El rapero chileno tenía ese resentimiento con la generación anterior, decían cosas como “nos dejaron botados”, “Tiro de Gracia fueron unos irresponsables”, “los sellos nos cerraron las puertas” y todos venían quejándose porque cambió un modelo de industria, y culpan a Tiro de Gracia, Resonancia, Makiza… gente que le tocó firmar un contrato, vender copias y listo, pero con el tiempo se entendió. Antes Tiro de Gracia podía vender 30 mil copias, versus un rapero de ahora que tiene millones de reproducciones en YouTube. Ahora los raperos pueden hacerse un sueldo con las reproducciones de Spotify, esto ha sido un cambio bien lento de los últimos 10 o 15 años. Los nuevos raperos son casi YouTubers, sacan singles y vídeos, ya nadie se estanca tres años en sacar un disco para promocionarlo otro año, es mucho tiempo perdido. Ahora se saca contenido rápido.

Hace un año fuiste invitado a dar charlas en la USACH y hace algunos días a ser jurado en los Premios al Hip Hop en Uruguay. ¿Qué sientes con tal reconocimiento a tu trabajo?

Me creo la raja. No en el sentido de creerme el mejor, es la raja porque nunca lo busqué. Yo no tuve estudios universitarios, di vueltas en distintas pegas y estaba deprimido porque no hacía lo que me gustaba. Quizás dilaté mucho La Celda por miedo a que no pescaran algo independiente, todavía estoy en la búsqueda de hacer algo rentable. Pasó en una pega que nos echaron y nos dieron plata, con eso me fui a recorrer Argentina y Uruguay, donde me quedé un tiempo, aprendí y concluí en que tenía que empezar por mi país. En ese primer viaje fui a los Premios al Hip Hop, al año siguiente me invitaron de presentador y jurado, y este es el tercer año que participo evaluando trabajos, pero no presencialmente. Los raperos me consideran, lo cual es rico porque me gané el respeto. Fui con la humildad de tocar la puerta y pedir una nota. Con todo esto dan ganas de seguir trabajando.

Pareciera que el rap chileno pasó por etapas de boom en los 90 y de dispersión en los ’00, ¿cuál es tu diagnóstico del rap hoy, que estamos casi en una nueva década?

Ahora hay un recambio generacional bien fuerte. El rap de los 90 fue un boom y de una originalidad que no se ha vuelto a ver, ya no hay discos como “Ser Humano” de Tiro de Gracia. Luego hubo una transición horrible en los 2000 que no se sabía qué era el hip hop. Los discos eran realmente malos, se iba a las tocatas para apoyar, no porque convocara. Se quedó pegado en eso hasta el 2010 que se empezaron a reabrir caminos. La generación de ahora, de 18 o 20 años, llenan espacios y tocan afuera. Da orgullo ver que lo que se hacía en diez años ahora pasa en seis meses, esa es la generación actual. Los raperos se atrevieron a cobrar, a vender sus discos y con el tiempo aumentar su producción. Se generó una industria autosustentable en la que se compra ropa en la tienda del rapero que la armó, se compra el disco que hizo el rapero en su propio estudio. Cómo sobrellevar este momento y abrir nuevos caminos es responsabilidad de ellos.

Violadores del Verso, banda española inspiradora de muchos raperos nacionales de alto nivel, afirmaron que Chile es uno de los públicos más exigentes con sus exponentes locales. ¿Estás de acuerdo? ¿Cómo definirías al oyente de rap chileno actual?

El público chileno actual llena escenarios para ver a sus exponentes y eso es increíble, seis años atrás eso no pasaba. No sé si es el oído más selecto, pero sí es un público que se hace notar. Me acuerdo de que en cuarto medio fui a ver a Violadores del Verso y pifiaron a los teloneros chilenos, pero salían los conquistadores españoles y se volvían locos. Ahora se invirtió el rol: la gente va a ver a los nacionales y no pescan a los extranjeros. Los conciertos de rap ahora se hacen en el (teatro) Caupolicán porque no te da para menos.

A pesar de que le pidieron papelillos, nos ofrecieron comida vegana, salió un camión de la Duodécima Compañía de bomberos con su sirena sonando y se instaló un grupo de scouts a jugar, nada parecía interrumpir el entusiasmo de Gutiérrez al hablar de música, en especial cuando se trató de actualidad nacional.

¿Estás atento a los raperos de metro y micro?

Soy bien ermitaño en ese sentido, me gusta sentarme atrás con los audífonos y que no me hueveen, porque ya subirse a una micro es asqueroso, entonces que venga un rapero a tirarte tallas o el resentido que repite todo el rato que vivimos como la mierda, cuando yo ya sé eso. Hay de todo un poco. Sí creo que es bueno que el hip hop viva en lo cotidiano. Yo escucho rap todo el día, tengo pulido el oído, entonces cuando viene un rapero con el “ya, dígame una palabra”, te haces el hueón nomás. Un tipo bueno te va a llamar la atención igual. Le he comprado discos a raperos buenos para retribuirles de alguna manera. Es bueno que se esté sacando ese estigma del rapero marginal, antes alegaban con que la sociedad los excluía, pero ahora hay raperos en la publicidad, en los medios, en esta misma plaza. Eso es bueno porque se forma un semillero. Está viva la cultura.

En este año de elecciones y con una campaña declarada en contra de la abstinencia electoral, ¿crees que el rap influye en las visiones políticas sus seguidores? Salvaje Decibel, por ejemplo, que siempre son muy críticos con el sistema, como es la tónica en el rap.

Vivimos en una época sin esperanza política, pero no hay contrapropuesta de estos grupos más radicales en su discurso, incluso Salvaje Decibel que tiene un disco que se llama “Radical”. Yo no puedo tener una visión radical porque es muy rígida, creo que los cambios parten de uno porque se ve todo manipulado. Damos por hecho que va a ganar Piñera porque no vemos nuevas fuerzas. A lo más movimientos como el No + AFP que no han logrado tanto.

Además, los candidatos terminan colgándose de esas iniciativas.

Así es. A mí me parece la raja que Chile no vaya al mundial, porque el próximo año no van a estar alcoholizados con la tele nueva y funcionando para el sistema, por último, van a salir a molestarse a las calles por algo. Llevaba un tiempo pasando que asumía un gobierno, Chile iba al mundial, se cortaban los programas y nadie decía nada. Por mi parte voy a votar para sentir que hice algo, aunque tristemente creo que va a salir Piñera y me deprime, ¿este país vivió 17 años de dictadura y ahora por 16 elige a los mismos dos hueones?

Yo quiero hacer un cambio desde lo mío. Creo que el rap debería tener más compromiso político. No necesariamente en votar por uno u otro, sino para generar nuevos movimientos porque el rap es una fuerza súper grande. Es fácil ser un grupo como Salvaje Decibel y poner en la carátula La Moneda en llamas, pero ¿quién está haciendo un cambio realmente?

Luego de su examen coyuntural desde su perspectiva urbana, Darío se toma un tiempo para proyectarse. En su opinión, en América Latina ha brotado un sentimiento bolivariano que está diluyendo las barreras nacionales. “Quiero expandir mi plataforma hasta tener un posicionamiento latinoamericano y para hacerlo hay que estar a la altura, con una página bonita y un mejor programa de radio. Quiero explotar la notoriedad de La Celda. Ese es el siguiente paso”.

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