Arrhythmia presenta “Sabah” del productor Dellepiane Digga.

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Hace varios meses dediqué un extenso artículo (AQUÍ ESTÁ) al inspirador trabajo que realizan mis hermanos uruguayos Dellepiane Digga y Julio Dola, dos férreos y selectivos coleccionistas de vinilos con los que compartí días muy amenos gracias a su acogida en Montevideo. Hoy los caminos vuelven a cruzarse a causa del nuevo estreno musical de Dellepiane, quien de forma extraordinaria asomó su cabeza del shelter en el que se refugia junto a sus creaciones, para junto al label chileno Arrhythmia presentar Sabah, un breve, pero necesario muestrario del momento creativo actual del reconocido y desconocido productor. Mateo Monestier produce diversos géneros musicales, pero principalmente es coleccionista y creador de beats instrumentales, con los que actualmente colabora  para emcees de Argentina, Bélgica, Chile , Estados Unidos y Cuba, entre otros. También ha realizado música para documentales y futuros proyectos de investigación, crate diggin’ y arqueología musical. Es socio fundador del sello uruguayo Bistec Records junto a Dj Platos Violadores y el emcee y cineasta cubano Yoyo Lopez. Misteriosamente, Dellepiane es uno de los productores de su país que más álbumes ha editado, pero hasta ahora ninguno con algún emcee local. No apresura la inspiración. Cuando musicaliza fiestas, asegura llegar con kilos de música para encender la pista, y su colección es privilegiada, reúne parte de la historia incluso no documentada. Sus beats, en consecuencia, son proporcionales a la colección de discos que rebosan de sus estanterías, pero se mantienen aislados del acceso popular, curándose como la yerba más fina, viviendo en el mito y las expectativas por su buena reputación.

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DELLEPIANE DIGGA – SABAH | ESCUCHA EN SPOTIFYBANDCAMP

Sabah es una recopilación de cuatro instrumentales que no supera en su totalidad los cinco minutos de duración. Todos los temas fueron producidos por Dellepiane Digga y masterizados por Jean Patrice Remillard en Canadá, mientras que Nandy Cabrera se encargó del arte del proyecto. Recomiendo dar un vistazo a trabajos anteriores de Dellepiane y de cualquiera de los integrantes de Bistec Records. Pueden encontrarlos todos en su BANDCAMP. Hay trabajos instrumentales que son definitivamente para escapar de este mundo. Personalmente quiero compartirles lo que fue “La Lista Negra”, un interesantísimo proyecto de rescate e investigación musical llevado a cabo por Dellepiane y Julio Dola.

“Montevideo es un gigante dormido”

La década de 1960 fue un momento fermental en el panorama musical mundial y Uruguay no fue la excepción a esa regla. Múltiples vertientes del folklore criollo y afro-uruguayo entraron en contacto y fueron transformados por poderosas influencias globales y regionales.

Al mismo tiempo, los cambios sociodemográficos ofrecieron un público juvenil con mayor capacidad de acceso al consumo cultural y ansioso por encontrar expresiones artísticas que pusieran voz a las experiencias generacionales.

La “Lista negra” nos permite asomarnos al increíble mosaico de la música popular uruguaya de esos años y ser testigos privilegiados de la explosión de creatividad que vive la escena musical del país.

Paradójicamente, la selección captura un momento de gloria de la música popular uruguaya que constituye la banda de sonido de un Uruguay que se percibía en crisis y que renegaba de la visión autocomplaciente de una sociedad que dos o tres décadas atrás se percibía como “la Suiza de América”.

Según toda la historiografía, la pendiente se habría iniciado a mediados de la década de 1950, cuando el modelo económico y social comenzó a mostrar los primeros síntomas de agotamiento.

A comienzos de la década de 1960 la crisis ya comenzaba a observarse en la vida política. Antes de terminar ese decenio el país estaba sumido en una espiral de violencia insurreccional y terrorismo de Estado. En junio de 1973 se produjo el golpe de estado y el país entró formalmente en el autoritarismo. La represión arrasó con la escena cultural que había florecido en la década anterior. Se prohibieron obras y artistas. Las autoridades civiles y militares del régimen construyeron sus propias y “listas negras”. Hubo presos y exiliados políticos y también exiliados económicos. Artistas que ya no tenían locales en los que tocar o medios de difusión en los que presentar su arte. Sin embargo, la música popular uruguaya siguió viva. Castigada pero viva. Lo suficiente para construir una banda de sonido que es crónica de la dictadura y de la recuperación de las libertades fundamentales.

Esta “lista negra” es, a su manera, un relato de esos años. La “lista negra” asombra al escucha que no está familiarizado con la música popular uruguaya, pero también sorprende al melómano local porque recupera tesoros perdidos.

Desde el candombe-beat, el pop electrónico, el free jazz, el rock psicodélico y experimental, hasta la canción de “protesta” latinoamericana. Desde Eduardo Mateo hasta Daniel Viglietti, pasando por grupos y solistas tan heterogéneos entre sí como Almango, Jorginho Gularte, los Shakers, Leo Antúnez, Chichito Cabral, Mike Dogliotti, Jorge Galemire, El Sindykato, Contraviento, Ruben Rada y muchos más. La variedad es impresionante y sin embargo, también es impactante la coherencia de la selección.

Es música popular del Uruguay y de una coyuntura histórica precisa. Es la banda de sonido de una época y al mismo tiempo es una banda de sonido absolutamente contemporánea.

Esta “lista negra” es una lista que abre puertas y ventanas. Es un espacio para el encuentro y el reencuentro gozoso y definitivo con un tiempo, un lugar y una música, desde hoy y para siempre.

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